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Luces y sombras del G20

Publicado el 12/12/2018 en Política

(Foto: La Nación).

La Cumbre de Líderes del G20 en Buenos Aires concluyó con al menos un éxito: una Declaración Final. Ahora, solo a la luz del contexto internacional actual, el tibio y poco específico documento puede considerarse un verdadero logro del consenso.  Asimismo, entender la naturaleza de este foro hoy requiere situarlo en un escenario de declive del multilateralismo, acompañado por una creciente competencia por el posicionamiento económico global de las dos mayores economías mundiales: China y Estados Unidos.

En este marco, lejos parece haber quedado aquel G20 creado como un espacio interestatal destinado a ampliar la participación y el compromiso de las mayores, aunque diversas, economías mundiales en el mantenimiento de la estabilidad económica global pos-2008. En cambio, se ha transformado en una plataforma de proyección de imagen internacional -en particular para los Estados más pequeños del grupo- y de consensos leves con un tinte de expresión de deseo. Tan es así, que el documento final, que sin dudas aborda temas de indiscutible relevancia internacional, lo hace desde un tono de sugerencia y expectativa, contemplando las reservas en torno a pactos internacionales que habían sido asumidos, tales como el cambio climático en el caso de los Estados Unidos.

Alcances

Aunque se resalta la necesidad del compromiso en el mantenimiento de un sistema internacional basado en reglas y se reconocen las dificultades comerciales actuales, no se esboza un plan de acción claro y concreto respecto del cómo y con qué herramientas se fortalecerán los esquemas de intercambio comercial que favorezcan el desarrollo económico, la disminución de las asimetrías y la inclusión. En otras palabras, el desarrollo, que se constituye en un interés central de los países menos poderosos del grupo -entre ellos Argentina- aparece desdibujado en la declaración final, y fue colateralmente abordado en las reuniones bilaterales.

De esta forma, las asimetrías insoslayables de poder económico e influencia internacional entre los miembros se convierten en uno de los principales y sostenidos condicionantes a las discusiones en el seno del G20. En este sentido, aunque la Argentina logró alcanzar declaraciones conjuntas y acuerdos bilaterales con países como China, Estados Unidos y Francia, en todos estos casos la posición negociadora de nuestro país dejó ver la dependencia subyacente en estos vínculos. Y, aún más, puede mirarse con cierta desilusión la posibilidad poco aprovechada de fortalecer lazos —a través de reuniones de mayor perfil y de acuerdos específicos— con Estados con mayores simetrías de poder y de intereses. Resalta, en este sentido, el caso de Indonesia, que se erige como uno de los principales socios comerciales argentinos en el Este de Asia.

Los protagonistas

En Buenos Aires se sumó una condición sistémica coyuntural como principal fuente de incertidumbre de la reunión: el enfrentamiento comercial entre Washington y Beijing. La escalada de la «guerra comercial» —que comenzó el pasado julio a través de la imposición progresiva de diversas medidas arancelarias recíprocas— produjo un notorio revés al multilateralismo en la Cumbre de APEC de noviembre, que finalizó por primera vez en su historia sin una declaración conjunta. Es por ello que el impasse entre los dos gigantes, alcanzado en el G20, se convirtió en el principal foco de atención local e internacional. Este logro también tiene sus sombras, dado que puso nuevamente de manifiesto la pérdida de gravitación de Europa y de Rusia en la escena internacional, relegándolos a un rol de espectadores pasivos.

En pocas palabras, el G20 reprodujo dos escenarios de asimetría que coexisten: en uno de ellos se compite por influencia política internacional, en el otro, por reducir la brecha de desarrollo. En este sentido, aunque se celebren los logros, el verdadero desafío para la Argentina es potenciar estos espacios para proyectar intereses más profundos y esenciales que la mera redefinición de imagen internacional.


Por Florencia Rubiolo
Profesora e investigadora de nuestra Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales y Directora del Doctorado en Relaciones Internacionales. Investigadora Adjunta del CONICET

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