Noticias UCC

Donación de órganos

Publicado el 02/06/2015 en Actualidad

Por Diego Fonti
Vicerrector Académico de la UCC
Miembro del Centro de Bioética de la UCC

Hay acontecimientos en la historia de la ciencia que conmueven nuestras opiniones y creencias sobre el ser humano, la ética y el sentido de nuestra existencia. Son momentos muy ricos, ya que si nos tomamos en serio lo que significan, podemos abrirnos a una experiencia mucho más consciente sobre nuestra responsabilidad por el mundo, nuestra solidaridad con los demás y nuestra propia identidad personal. La posibilidad que se abrió en 1954 con el primer trasplante exitoso de riñón, y la ampliación posterior de los trasplantes de órganos, ha sido una de esas conmociones.

Pero es a menudo la ciencia ficción quien se antecede a los logros científicos y a las preguntas que éstos nos plantean, y el trasplante de órganos no es una excepción. La idea de reemplazar partes del cuerpo de una persona por las de otra tiene también una historia en la literatura, que comienza con los conocimientos sobre manipulación de la sangre a finales del siglo 19, y se extiende luego a las posibilidades de reemplazar o componer partes del cuerpo.  A su vez,  la idea que antecede y marca estos desarrollos se ubica a inicios de la modernidad, que entendía al cuerpo como una máquina, cuyas partes pueden ser reemplazables.  La imaginación fue así un impulso y una inspiración. Sin embargo suscitó al mismo tiempo las mayores dudas, las peores sospechas. Por eso, cuando las posibilidades tecnocientíficas se concretan, los nuevos dilemas morales, conmueven no sólo nuestras creencias y valoraciones, sino también nuestra propia idea acerca de quiénes somos, para qué estamos y cuál es el sentido de nuestras vidas. Vale la pena volver sobre algunas ideas, actitudes y preocupaciones centrales en este día del transplante de órganos, sobre todo para pensar sobre nuestra propia responsabilidad para con los demás y el sentido de generosidad que implica, que no suelen ser parte de las discusiones científicas o técnicas.

Una primera reflexión se centra en la relación entre lo propio y lo ajeno, lo privado y lo social. Por un lado, a menudo de piensa al cuerpo como “algo propio”, un objeto en la posesión del individuo del cual se puede disponer. Por supuesto que una idea central de la Modernidad es que nadie puede incidir ilegítimamente –mucho menos violentamente- sobre el cuerpo de otro. Pero los trasplantes fuerzan a repensar la idea de posesión. Por un lado, puede mi cuerpo dar vida a otro cuando yo no esté. Ya no será “mío” pero tampoco “tuyo”, será otro en mí, como reflexiona el filósofo – receptor de un órgano trasplantado – Jean Luc Nancy. Pero también obliga a volver sobre algunas convicciones sobre la propiedad y libre disponibilidad del cuerpo, ya que quien recibe un trasplante inicia un proceso vital que necesariamente será acompañado social, científica y económicamente por el resto de la sociedad. De este modo, la experiencia del trasplante de órganos incluye un profundo sentido de solidaridad en el entretejido humano.

Una segunda reflexión es acerca del sentido de justicia. No se trata sólo de preguntar por la disponibilidad y accesibilidad a órganos, sino también sobre quiénes están en condiciones de recibir un órgano, qué circunstancias vitales hacen viable una operación, y qué responsabilidades conlleva para el Estado, la sociedad, y los mismos trasplantados. Es imperante que nuestras regulaciones impidan la manipulación, donde serán los más vulnerables quienes –bajo presión o una supuesta “generosidad” impuesta o manipulada – paguen con sus cuerpos, su salud y su futuro los deseos y necesidades de otros.

Finalmente, y como siempre en estas cosas, la reflexión nos lleva al tema de nuestra finitud, su aceptación, su sentido y el sentido de nuestra existencia antes y en vista de ella. Esta reflexión es imprescindible, porque ubica con prudencia lo que se puede y debe hacer, delimitándolo de lo fútil, lo excesivo, desproporcional. Naturalmente esta valoración debe darse en cada ocasión y frente a cada avance. Pero es imprescindible hacerla, ya que de otro modo estaríamos reemplazando una existencia en vista de sus límites por un loco sueño de duración indefinida.

Todos sabemos que es fácil exigir respuestas a los otros. A veces es más difícil pensarse uno mismo parte de la respuesta, sobre todo de una respuesta que tendrá lugar en un futuro en que quizás no estemos nosotros mismos presentes, pero que será un futuro posible para otros gracias a nosotros. Por eso es bello pensar que nuestro día nacional del trasplante tuvo en cuenta ese sentido de solidaridad en un sentido amplio, pues recuerda no al hecho científico o técnico sino al nacimiento del hijo de una persona receptora de un trasplante.

Te invitamos a leer la entrevista que le hicimos a los doctores Alberto Juffé Stein y Constantino Constantini sobre Prevención y tratamientos en Cardiología.

  noticias ucc     ucc     universidad católica de córdoba     diego fonti     donación     órganos     bioética  

Comunidad UCC

Facebook Twitter Youtube Instagram LinkedIn