El poder de la docencia

Cuando la educaciĆ³n es esperanza

Aún hoy estamos golpeados por los efectos de la pandemia. Intentamos acomodarnos en un mundo de creciente complejidad e incertidumbre. Aún hoy seguimos buscando la mejor manera de adaptarnos a escenarios que comportan cambios paradigmáticos en lo que hace al conocimiento, la educación y el aprendizaje.

Por momentos, visualizamos senderos que conducen a horizontes difusos.

Al promediar un año marcado por desafíos inéditos, en todos los ámbitos sociales nos descubrimos a nosotros mismos en la búsqueda de nuevas respuestas para abordar un contexto inédito. Las instituciones educativas no constituyen una excepción en este contexto social. Es posible que nos reconozcamos abrumados, pero también podemos reconocernos más reflexivos e imbuidos de una renovada confianza en el poder transformador de la educación.

En este escenario nos preguntamos: ¿Cómo podemos contribuir desde la Universidad y  desde las escuelas en la promoción de espacios sociales más justos?, ¿De qué maneras podemos renovar nuestros vínculos y estimular nuevos lazos de amistad y compromiso ciudadano?, ¿Cómo podemos colaborar para que el derecho a una educación de calidad a lo largo de toda la vida sea una realidad?, ¿Qué horizonte han de tener nuestras acciones si aspiramos a impulsar una educación entendida como bien público y común?

Es verdad que no tenemos respuestas definitivas para estos interrogantes, sin embargo, también es verdad que somos portadores de señales y retazos de ideas para hilvanar, de manera colaborativa, algunos tejidos que nos permitan esbozar el plan para algunas acciones iniciales.

Mucho se ha escrito y reflexionado sobre las lecciones que nos habría dejado la pandemia para nuestras instituciones educativas. Entre esas enseñanzas resalta y se destaca la necesidad del trabajo consensuado en busca de objetivos comunes. Quizás una de las enseñanzas más evidentes para nuestras instituciones educativas sea el descubrimiento de posibilidades que no habíamos siquiera imaginado. Profesores y profesoras, maestros y maestras y estudiantes nos descubrimos como portadores de capacidades insospechadas.

Tener presente la tragedia colectiva del Covid-19, casi olvidada en los veloces vaivenes de los medios de comunicación, quizás nos permita volver a reflexionar sobre cuestiones que habitan la esencia de nuestra humanidad. Quizás la memoria de lo sucedido nos provoque volver a las raíces, a revalorizar todo aquello que hemos naturalizado, a debatir sobre cuestiones que nunca debieron dejar de estar subrayadas en la agenda pública. Quizás la memoria nos recuerde que la educación nos ofrece esperanza.


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Impresión generada el día 27/03/2023 23:20hs. desde el Portal Web de la
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