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Maestro con mayúscula

Publicado el 26/08/2015 en Arquitectura y Diseño

“El maestro te abre las puertas pero eres tú el que debe atravesarlas”.
Por Inés Moisset.

Con este proverbio chino iniciaban las clases del profesor César Naselli (1933-2015). Ser alumno de César era exponerse a la inspiración, la exigencia y la crítica, era compartir el humor y la ironía, era el inmenso placer de la exploración de los principios de la arquitectura, era enfrentarse un océano de conocimientos que ponía a nuestro alcance y sentir la adrenalina de saber que toda la vida la dedicaríamos a esto. Sus clases eran cuidadosa y obsesivamente preparadas. Sus imágenes venían en carros de impactantes diapositivas que se proyectaban en simultáneo. A la maravilla de lo que presentaba se sumaba la tensión cotidiana para que no se desfasaran o que ocurriera que por accidente las diapositivas terminaran en el piso. Sus presentaciones eran histriónicas, y estaban acompañadas de música, películas y libros que traía para compartir con los alumnos.


Presentación del libro de la EDUCC.

En 1988 hubo un gran paro de docentes en la Universidad Nacional de Córdoba donde yo cursaba. Como conocía a César desde mi infancia, junto a un grupo de compañeros nos animamos a pedirle que nos sugiriera bibliografía para estudiar durante esos meses. El vino con una contrapropuesta: reunirnos los sábados a explorar los principios básicos del diseño. En paralelo tenía otro grupo aquí en la Universidad Católica de Córdoba. Los grupos finalmente se fusionaron y fueron la base del Instituto de Diseño que se formó en 1990 junto al equipo inicial que fundamos con Esteban Bondone, Viviana Colautti, Ian Dutari y yo, todos recientes arquitectos. Fue un período de intensa formación para nosotros que después tuvo un fuerte impacto en nuestras carreras profesionales. En cuanto a mí, me introdujo en el campo de la investigación, que era incipiente en aquel momento. Fue por su indicación que me fui a Venecia a realizar mi doctorado, cuya tesis dirigió. César tenía una visión anticipada de la definición de un campo extendido de la arquitectura, donde la profesión no es solamente el proyecto o la construcción. En particular sobre la docencia, él se definía como profesional, como aquel que profesa, que hace un acto de fe. Sus enseñanzas además eran compartidas en otras universidades donde participó activamente para promover la enseñanza del posgrado en Argentina.

En 2007 iniciamos la aventura de la Maestría en Diseño de Procesos Innovativos, un desafío que hoy perdura, crece y se multiplica en la producción de los maestrandos, algunos de los cuales incluso sin haberlo tenido de profesor han capturado el espíritu de sus ideas.

Tuve el inmenso honor de recibir en su nombre el Premio a la Trayectoria otorgado por la Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo en Cádiz en 2012. Este premio fue entregado entre otros a Alvaro Siza, Oscar Niemeyer, Eladio Dieste. César fue el primer arquitecto exclusivamente dedicado a la teoría y la enseñanza que recibió esta distinción. Él es sin dudarlo, una de las máximas personalidades con las que ha contado nuestra Facultad: un Maestro con mayúsculas que formó a la mayoría de los docentes que hoy dirigen las cátedras de nuestra casa. Tuvimos la oportunidad de poder compartir momentos de gratitud hacia él: la Universidad lo nombró Doctor Honoris Causa en 2010, la Editorial coeditó un libro con sus reflexiones sobre el proceso de diseño, nuestra sala de profesores lleva su nombre.

Después de un accidente cerebrovascular en 2009, César aprendió a dibujar con su mano izquierda. Sus dibujos eran fascinantes, complejos, llenos de ironía, igual que sus clases. Ahí comprendí cabalmente lo que significaba cuando decía que se debe trabajar la dificultad, que había que utilizar todas las capacidades de la persona, incluso las que no tenemos conciencia o las que no sabemos que tenemos. Hasta el final, el maestro siguió abriendo puertas.


Dibujo de César Naselli hecho con su mano izquierda.

César Naselli: Un retrato a través de tres obsequios.
Por Adrián Manavella.

En un retrato, cada trazo contribuye a destacar algunas rasgos de una persona y deja otros de lado. Intentaré hacer un retrato -un boceto delineado- de César Naselli (1933-2015). Lo haré a través del comentario de tres obsequios que recibí.

obsequio #1: una pluma

En ocasión de un cumpleaños César me regaló una pluma fuente. Era pesada, maciza, de trazo suave y preciso. No era un objeto más, no pasaba desapercibida. Deslizaba sobre el papel con su peso propio, invitaba a la mano simplemente a acompañarla tras los delineos caligráficos.

César nos despertó la pasión por el registro y la observación de la Realidad.

Nos exigió con intensidad -primero- y nos animó -en forma permanente- a capturar todo lo que sucediera alrededor en nuestros cuadernos de bitácora. La bitácora era un espacio vital y necesario para aprehender el mundo y reflexionar. Notas, dibujos, esquemas, pinturas, todo, iban a las hojas de la bitácora. “Todo lo registro”, rezaba al inicio de las clases en la Cátedra de Tesis, o en las estimulantes sesiones de trabajo del Instituto de Diseño de la UCC. Sus bitácoras son preciosas. Verdaderas ingenierias de hiperlinks de notas, flechas, esquemas y dibujos que denotan sus procesos de pensamiento complejo y multidimensional. Los párrafos manuscritos, calibrados en Helvética cuerpo 11, llegaron a completar ideas que terminan justo al final del renglón para que forma y contenido configuraran una armónica composición editorial.

obsequio #2: un concierto

César nos obsequiaba conciertos.  Claro que la cosa no se agotaba en las entradas, sino que los conciertos eran en su compañía. Una vez, recuerdo, eligió los tres mejores lugares, según él, a la distancia adecuada y al mejor ángulo que permitía la platea, para ver de manera singular al pianista, su actitud y su relación perfecta con el piano y la obra ejecutada.

César nos despertó la pasión por la música y su fuego creativo.

“La música no es un simple fondo, es una materia de trabajo que forma parte de los procesos creativos” nos recordaba enfáticamente. En los memorables trabajos de Música y Pintura que se realizaban en el Instituto de Diseño y que se continúan haciendo, la producción colectiva que combina el dibujo, la danza y la música se cerraban con sus reflexiones de minuciosidad microscópica acerca del modo en que las ideas creativas “viajan” de un soporte a otro, de la música a la pintura y al cuerpo.

obsequio #3: un libro

César me obsequió en una oportunidad un ejemplar de “Ciudades Formas y Paisajes”, de su autoría. Un trabajo que releído en el tiempo es una llave valiosa para comprender la ciudad y el paisaje con una vigencia inusitada y una apertura a otras lecturas de producción posteriores. César solía indicar la lectura de algún autor, directamente a través del obsequio del libro, para que integre la biblioteca personal. Lo hizo asiduamente con muchos de sus estudiantes cercanos.

César nos despertó la pasión por conocer.

Como Profesor, como Director y como Intelectual, su energía inacabable impregnó a todos a su alrededor de un apetito por saber. Tuvo un sinnúmero de “hijos” que tomaron diversos rumbos y actividades: la investigación, la gestión, la producción arquitectónica, el arte y la docencia, entre otros, pero todos dando cuenta de la marca que nos ha dejado, y recordándolo como un generoso Maestro, el Maestro Necesario.

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