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¿Qué clínica practicamos?

Publicado el 07/07/2015 en Medicina y Salud

Nuestra Facultad de Filosofía y Humanidades ofrece, desde la carrera de Psicología, un curso de posgrado dirigido a egresados de psicología y medicina que quieran formarse desde la perspectiva de las nuevas leyes de la Salud Mental. La actividad se estructuró bajo el título: Qué clínica practicamos. Intervenciones clínicas en instituciones polivalentes  y se realiza a través de la práctica clínica en equipos interdisciplinares en instituciones de salud polivalentes y el estudio de nuevas concepciones de esta práctica. El curso está pensado además para subsanar la necesidad que tienen los egresados de psicología de realizar prácticas que les ayuden a formarse como profesionales.

Una concepción integral de la salud

Una concepción integral de la salud, que implique también la dimensión de la salud mental, supone y requiere integrar psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales, terapistas ocupacionales, enfermeros y acompañantes terapéuticos. La interdisciplina, es la ampliación de estrategias terapéuticas con los aportes enriquecedores de cada especificidad, destacando que ninguna debe hegemonizar el conocimiento y la acción, sino priorizar la necesidad puntual de cada sujeto que demanda.   

La propuesta clínica que formulamos tiende a permitir que aquel que padezca de algún “trastorno”, “enfermedad”, “dificultad”, que singularmente sobrelleva, contemple la necesidad, usando una definición de salud mental existente, de “pasar a otra cosa”. ¿A qué apuntamos con esto? Aquel, que por diversas razones, ha renunciado a la libertad de ser en el mundo, transcurre por diversos “estados” de experiencia, que no han dado los mejores resultados. Las actitudes positivas que el mundo le propone, remiten a establecer relaciones de comprensión que quedan enmarcadas, las más de las veces, en una concepción de normatividad que detiene ese proceso.

Desde la historia de la locura

La persona a la que popularmente se llama “loco”, y que en los ámbitos de salud es considerada como “paciente – enfermo mental”, ha sufrido a lo largo de la historia un sinnúmero de malos tratos en las instituciones supuestamente encargadas de velar por su bienestar, y siempre ha ocupado un lugar muy marginal en la sociedad. 

Partiendo de las diversas concepciones de la locura que van desde un “error en las creencias”, pasando por un “desborde de fuerza”, hasta llegar a asociarla casi indefectiblemente a la “peligrosidad  criminal” que no solo  margina sino que también obliga al encierro (dando lugar a  los “loqueros”), se ha ido instalando y afianzando la idea de que el “loco” no es sujeto de derecho y merecedor de un trato similar al de cualquier ser humano que padece problemas de salud. 

Esto ha hecho que la distancia entre el “loco” y el resto de la sociedad se fuera acrecentando cada vez más en lugar de disminuir; y paradójicamente, eso ha sucedido y sucede a pesar de que en el tiempo y con el tiempo se ha ido alcanzando una mayor comprensión de los procesos que dan origen a los trastornos mentales y que contribuyen a su perdurabilidad, y muchas veces, a su agudización.

La psiquiatría no es ajena a las diferentes teorías y prácticas de la medicina,  de cuyos avances en diversos territorios (métodos diagnósticos,  farmacoterapia, etc.) siempre se ha nutrido. Sin embargo,  la convivencia entre ambas no ha sido sencilla. La visión fragmentada de la persona, reflejada en las múltiples especialidades y sub-especialidades de la práctica médica, va tornando cada vez más difícil la posibilidad de considerar a aquella de un modo integral y teniendo en cuenta sus diferentes aspectos y dimensiones, para comprender que la falta de salud de una parte afecta necesariamente al todo. 

Aclaramos que nuestra insistencia en citar aspectos referidos a la Psiquiatría se vincula a que ésta se encargó de administrar el poder disciplinario en los asilos,  luego lo extendió a diversas instituciones  aportando  las nociones de “discapacidad”, “anormalidad”, “peligrosidad”, “degeneración”, conectando así todos los regímenes disciplinarios existentes y proponiéndose funcionar como ciencia médica encargada de la higiene pública.

La Psicología  aparece como disciplina posteriormente, produciendo una ruptura con las concepciones psiquiátricas clásicas.  Sin embargo no deja de quedar atrapada en los dispositivos de poder.

Desde la reforma psiquiátrica italiana hasta nuestros días se han escrito infinidad de trabajos científicos que prueban la iniquidad y la inequidad del sistema establecido en relación al tratamiento de la enfermedad mental. En nuestro contexto local se han elaborado, sancionado y reglamentado leyes de salud mental a nivel nacional y provincial que son ejemplo  de vanguardia en cuanto al cuidado y tratamiento integrales de los enfermos en el marco del respeto a los derechos humanos. Sin embargo y pese a ello, en la práctica cotidiana todavía se observa la persistencia de métodos anacrónicos y de concepciones erróneas (como por ejemplo, la de los antiguos “asilos”) que siguen dejando las cosas tal y como estaban antes del advenimiento  de las mencionadas leyes. 

Con lo cual, por un lado ha quedado claramente demostrado que no basta con “abrir las puertas” de los  manicomios y legislar de manera progresista. Y por otro lado, se hace evidente que si no se modifica el modelo de formación de los profesionales de la salud mental, se seguirán reproduciendo los abordajes que consolidan esas perspectivas – tan lamentablemente arraigadas como nocivas – de la enfermedad mental y su tratamiento. 

Estas situaciones nos han llevado a diferentes búsquedas y recorridos tratando de ir al encuentro de otros actores y disciplinas que nos ayuden a abordar la clínica de otra manera. 

Otra Clínica

La propuesta clínica que formulamos promueve aquello que mencionamos al comenzar la nota y que es, usando una definición de salud mental existente, “pasar a otra cosa”.

Concebimos  un proceso que imprima un transcurrir, una progresión, no un fin en sí mismo.

El lugar del terapeuta es acompañar en ese proceso, establecer una relación que es independiente de la estructura, un tipo de relación de estar con el paciente y crear un espacio posible, de acontecimientos posibles. Es un trabajo donde no existe un objeto en sí mismo sino más bien una pregunta, algo que toma forma en el acto de preguntar. 

La clínica que queremos propiciar se inspira fundamentalmente en esta creencia: "que todo está disponible para ser creado…” y donde crear es dar lugar a subjetividades diferentes.

En esa concepción participamos como posibilitadores en la creación de instrumentos que van a variar en cada caso: a los ya existentes o los que habrá que inventar. De esos existentes incluimos la/s relación/es (terapias) individuales, grupales, familiares, de pareja, hospital de día, etc. y en función de la misma intencionalidad ocupará su lugar el fármaco no como un fin en sí mismo sino como participe posible del proceso. 

El curso inicia el próximo 14 de agosto. Se cursará los segundos y cuartos viernes de cada mes  de 18 a 20 h hasta mayo de 2016 en sede Centro de la UCC, Obispo Trejo 323. Consta de 32 horas teóricas presenciales y 160 horas de prácticas en el Sanatorio El Salvador con rotación en servicios.

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