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Inclusión educativa

Publicado el 23/03/2016 en Educación

“Si en algo está equivocada la formación, es en haber pensado en un sujeto normal que yo creo que no existe”.

Entrevista a Carlos Skliar (descargar aquí CV breve), investigador de Conicet y FLACSO-Argentina.

–¿Por qué hablamos de inclusión?

–Yo personalmente cada vez hablo menos de inclusión porque pienso que es un término que alude a una situación inexistente. Es necesario hablar de inclusión pero tenemos que pensar cómo lo vamos a hacer para que no haya hipocresía o solo sea un planteamiento jurídico.

Particularmente me parece insoportable que haya gente que no viva la experiencia de la igualdad y por eso considero que es un dilema profundamente ético. Desde este punto de vista, hay muchas palabras que pueden jugar ese papel: igualdad, hospitalidad, amorosidad  y  tantas otras.

–¿Los docentes están preparados para este desafío?

–Eticamente sí. Yo he discutido la noción de preparación porque no creo que desde el punto de vista escolar haya alguna preparación sobre lo desconocido o sobre lo que no sabemos. Lo que debemos hacer es abrirnos a las relaciones con toda la población con todas las formas de aprendizaje y hacer de esto un tema de trabajo.

La preparación es engañosa porque nadie puede prometer prepararte para algo que aún no ha ocurrido. Por eso creo que más que preparación hay que tener reflexión. Todo depende de la teoría general de la educación desde donde te pares y ahí hay quizás muchas variables, pero yo pienso que el que ha elegido enseñar lo hace sin mirar a quién y no le importa demasiado quién está al frente. Por supuesto que hay singularidades y problemas complejos que yo creo que vienen de una idea de alumno equivocada. Entonces, si en algo está equivocada la formación, es en haber pensado en un sujeto normal que yo creo que no existe. Se nos ha creado un ideal de sujeto que no coincide con nadie y entonces juega muy feo y muy fuerte contra las diversidades individuales.

–¿Cuáles son los principales obstáculos?

–En primer lugar, el mundo actual no nos muestra ningún interés en vencer desigualdades generales mucho más profundas. Aquí se plantea una paradoja de muy difícil solución que es la relación entre el mundo y la escuela. Es un mundo muy desigual, humillante y violento que además, lleva el emblema del consumo de la belleza del cuerpo anoréxico y sobre todo la productividad y una excesiva relación con los negocios y las empresas. Esto plantea el dilema de si la escuela tiene que acatar esa imagen del mundo o puede proponer otras. Desde ese punto de vista, el principal obstáculo es el mundo.

–¿Cómo comenzó a trabajar en este tema?

–Comencé trabajando con un grupo de niños sordos. Allí me interesé por las pedagogías específicas. Desde entonces todo lo que he venido haciendo tiene que ver con cómo esas pedagogías específicas se combinan en un mapa general de la educación. Por eso hablo de la pedagogía de las diferencias y no de una única pedagogía.

–¿Quiénes deberían ser los beneficiarios?

–Los principales beneficiados tienen que ser aquellos que han nacido con mala suerte o con el pie izquierdo. Lo que principalmente tiene que hacer la educación en general no dejar a los demás librados a su propia suerte, es decir torcer la mala suerte y convertirla en algo mejor. Lamentablemente, no siempre en los proyectos de inclusión es su vida la que cambia. La gran discusión es esa, si los recursos que se han utilizado para la inclusión no han quedado en manos de especialistas, didactas, etc. y han revelado que su presupuesto ha sido ineficiente.

–¿Por dónde debe empezar el cambio?

–El cambio en la formación debe empezar por escuchar a esas personas porque ya los hemos incluido, excluido puesto aquí y allá y me parece que hay que escuchar su relato a los fines de establecer políticas públicas.

Yo hago mucha formación literaria al respecto de la inclusión, trabajo con muchas novelas y pienso que es importante recuperar esa parte literaria de la realidad con el objeto de preservar vidas ajenas. En este sentido, yo creo que nadie lo hace mejor que la literatura. Hay que volver a pensar en una forma narrativa para poder hablar de estos temas quitándonos del la híper especialización y de los lenguajes absolutamente refinados. En medio de todo esto el lenguaje jurídico ocupa un lugar central y yo creo que debería ser desplazado por un lenguaje literario. Esa es mi idea de ver y entender la formación y la forma en que debe producirse el cambio. Somos seres de ficción. 

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