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Ermitaños modernos

Publicado el 27/07/2015 en Actualidad

La necesidad de intimidad, de retrospección y soledad es común en la adolescencia, etapa en la que  los jóvenes consolidan su identidad personal. También es común, hoy en día, que las nuevas tecnologías sean parte de su vida. El problema aparece cuando el aislamiento social se profundiza y supera el límite entre una conducta esperada y otra que, al tornarse habitual, podría esconder un trastorno  que en algunos países ha llegado a convertirse en una epidemia social.

Tal es el curioso caso de los hikikomori en Japón, que significa algo así como “apartarse, estar recluido”. Se trata de jóvenes, en su mayoría varones, que deciden recluirse en sus habitaciones o alguna parte de su casa, para evitar así cualquier tipo de contacto. Incluso el de su propia familia. Dejan la escuela, la universidad, sus trabajos y pueden pasar hasta años encerrados, meses sin bañarse y convivir largos períodos de tiempo entre la basura ya que no dejan que nadie invada su espacio, ni siquiera para limpiar. Salen esporádicamente para comprar los productos que necesitan generalmente de noche para evitar el contacto social pero también porque es común que alteren su ritmo biológico durmiendo de día.

La actitud de los padres frente a este trastorno varía pero en general aceptan el confinamiento de su hijo como algo inevitable por lo que lo mantienen económicamente y respetan su decisión.  Otros no reconocen el problema porque sería motivo de descrédito en una sociedad que valora por encima de todo el trabajo y el éxito. Pero también existen aquellos que acuden a una solución más expeditiva y cuesta creer pero existen empresas especializadas en tirar puertas (literalmente) para sacar al joven e internarlo en centros especializados, los cuales han aumentado en los últimos años.

Las causas todavía no están claramente establecidas pero con el paso del tiempo se ha podido establecer una llamativa diferencia. En los primeros casos de hikikomori, por la década del 80, se presentaban condicionamientos asociados con el término japonés sekentei, que tiene que ver con la presión social; mientras que en las últimas décadas se han incorporando nuevos elementos tecnológicos y culturales a la ecuación. Esto es así porque la mayoría de los que padecen este síndrome se refugian en su mundo infantil, virtual, alimentado por los comics, internet, los videojuegos, los juegos de rol, etc.

Según Griselda  Cardozo, profesora titular de la cátedra de Psicología de la Adolescencia de la Facultad de Filosofía y Humanidades e investigadora de la UCC, se observa hoy en adolescentes y jóvenes de todo el mundo dos fenómenos psicosociales. Son de irrupción contemporánea y están  ligados a la modernización y globalización mediante internet: la dependencia a internet y el Hikikomori. Ambas, explica, son entidades que no están incluidas en los manuales diagnóstico pero que avanzan en frecuencia e implican un deterioro de la población joven en algunas sociedades y culturas más que en otras.

Cardozo advierte que si bien el fenómeno hikikomori proviene y se asocia a una cultura exigente, competitiva e individualista como la nipona, poco a poco se ha ido extendiendo al resto del mundo, con características diferentes según cada sociedad.  Afirma que aparece en países desarrollados de occidente en donde hay una alianza entre el capitalismo y la ciencia para recrear la fantasía, la ficción por medios virtuales, en donde se crea una vida placentera y sustitutiva en la cual el sujeto mantiene un principio de placer y se mantienen consigo mismo y con la máquina  en un “cierto control” y confort.

La accesibilidad a distintas tecnologías juega entonces un papel decisivo en la conducta social de adolescentes y jóvenes. Los celulares y las distintas aplicaciones a las que acceden, la conexión a internet y el contacto a través de redes sociales, entre otras, son para estos nativos digitales más que nuevas herramientas, significan un estilo de vida. Y su mal uso (o abuso) puede ser perjudicial.

De esta manera, el aislamiento, puede ser tanto causa como consecuencia del uso problemático de tecnologías. Así lo afirma Leticia Luque, licenciada en psicología y doctora en ciencias de la salud, docente de la carrera de psicología de la UCC y directora del proyecto Secyt-UNC Creencias adictivas en el uso abusivo y patológico de las TIC. Sostiene que aquellas personas con problemas para relacionarse cara a cara con otros pueden encontrar refugio en las redes sociales virtuales porque les brindan la ilusión de tener relaciones sociales y compañía, cuando en realidad solo son contactos mediatizados. Otras, agrega, se aíslan al descubrir que encuentran mayor placer y bienestar perdiéndose en el ciberespacio que afrontando la vida real. En cualquiera de los casos, hay una raíz emocional en el aislamiento. Cuando este comportamiento es sostenido y ya implica deterioro en la funcionalidad del joven y compromete sus relaciones interpersonales, explica Cardozo que es una manifestación que puede a veces observarse en distintas problemáticas tales como depresión, trastorno de pánico, fobia social, trastorno obsesivo-compulsivo y por consumo de sustancias o esquizofrenia, entre otras.

Si bien los hikikomoris  son casos extremos de aislamiento social y de uso abusivo de la tecnología vale la pena estar alerta, muchos jóvenes pueden estar camino a convertirse en ermitaños modernos.

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