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Día del Veterinario y del Ingeniero Agrónomo

Publicado el 05/08/2016 en Noticias UCC

DÍA DEL VETERINARIO

Desde 1883 se conmemora cada 6 de agosto la iniciación de la carrera en el país, dado que ese día se inauguraron las clases del Instituto Superior de Agronomía y Veterinaria de santa Catalina en la provincia de Buenos Aires. En ese entonces los inscriptos fueron solo tres personas, hoy son más de 15 mil los profesionales que ejercen en el país. Mediante un decreto de 1983 se estableció formalmente el día del veterinario argentino.

Testimonio de Julieta Farías

Me recibí de veterinaria  en 2005. Creo que desde siempre supe que iba a estudiar esta carrera. De hecho mi papá me cuenta que cuando me preguntaban qué iba a ser cuando sea grande, yo respondía “doctora de caballos”.

Quizá pueda haber influido que él sea criador de caballos de carrera y que me haya criado prácticamente en el campo. Durante la semana estábamos en Córdoba y el viernes a la tarde partíamos a San Agustín. Yo desde chica estuve muy vinculada con su trabajo. Salía a recorrer el campo a caballo, buscábamos las yeguas con el peón, me acuerdo que dos veces al mes iba una veterinaria de Río Cuarto, muy reconocida y yo siempre observaba qué hacía, los partos, los servicios. También recuerdo que me entusiasmaba mucho dibujarlos. En las primeras dos o tres semanas de vida hay llenar una ficha en donde se detalla qué partes son blancas, las manchas, vendrían a ser  fichas de inscripción. Esto es lo que se llama “dibujarlos”, y esto para mi era un juego ue disfrutaba mucho hacer con mi papá.


Julieta Farías, médica veterinaria

Actualmente trabajo en Córdoba, en Catamarca y hace cuatro años en Cairo, Egipto. Un año antes  de recibirme fui a un congreso mundial de veterinaria equina en Buenos Aires.  Vi cosas que en el país no se hacían, muchas de las cuales todavía no se hacen, como resonancias magnéticas o tomografías computadas, y me deslumbró. Empecé a averiguar porque nuestra facu tiene muchos convenios pero yo ya estaba muy avanzada en la carrera y las materias que me reconocían era de los primeros años. Entonces escribí a todas las universidades y una de Washington me respondió que me aceptaban como pasante para hacer las prácticas. Terminé de cursar y me fui a Estados Unidos por tres meses.  Volví y a los meses me recibí. Después, uno de mis profesores me consiguió una pasantía en Buenos Aires. Lamentablemente no fue una buena experiencia y renuncié. Volví a Córdoba, frustrada y convencida de que ya no iba a poder trabajar más con caballos y que nadie más me contrataría. Por suerte, gracias a otro profe que se especializa en reproducción, conseguí otro trabajo; y así empecé este camino.

La reproducción equina, que es mi especialidad,  tiene una particularidad y es que se trabaja por temporadas. Las yeguas ciclan con horas luz, es decir que sus ovarios funcionan cuando los días se alargan, cuando se acortan dejan directamente de funcionar.  Por eso mi trabajo es estacionario.

Hasta  2007 yo había trabajado en reproducción simple pero, por esas casualidades de la vida,  volví a encontrarme con el profe que me consiguió el primer trabajo y me ofreció un trabajo para hacer transferencia de embriones equinos en Perú.  Allá estuve nueve meses, formándome con un veterinario salteño muy reconocido. Al año siguiente me volvieron a llamar pero no quise irme porque mi papá había estado muy grave de salud; pero me ofrecieron ir a un centro de transferencia en Tucumán. Después abrió otro centro en Bolivia y fui para allá también. En 2009 me arriesgué a quedarme.  En 2010 ya me establecí en Córdoba.  Lo que yo hago es  trabajo puerta a puerta, muevo mi laboratorio e instrumental a los campos;  viajo a Ascochinga, San Francisco, Santa Rosa de Calamuchita, se podría decir que mi día transcurre un 80% en el auto, sobre todo porque una vez a la semana tengo que viajar a Catamarca; en donde abrimos junto a una amiga un centro de reproducción.  

 El primer año fue difícil porque nadie me conocía en Córdoba pero gracias a quien hoy es mi socia, y antes mi profesora , contacté con el dueño de una yegua a la que asistí y por suerte  dos embriones quedaron preñados de mellizos.  Nadie lo podía creer, ni yo. A raíz de esto al año siguiente tuve mucho trabajo.

De hecho la Facultad me permite, a mi y a mis socias,  desarrollar nuestro trabajo privado en los corrales de la Universidad. De esta manera nuestros clientes le pagan una estadía por mes, nosotras contamos con espacio físico para tener a las yeguas receptoras y, por su parte, muchos estudiantes de la carrera tienen la oportunidad de ser pasantes y trabajar en el verano con nosotras. 

En 2011 hice una pasantía en Estados Unidos a través de la Asociación Americana de Reproduccionistas. Conseguí una beca e hice una rotación por distintos hospitales de Kansas, Texas y Colorado; estos  últimos son los más grandes de reproducción equina casi a nivel mundial.

Dos años después, a través de una página web que se llama IVIS, en la que se publica información veterinaria (congresos, libros, charlas),  me llegó un mail ofreciendo un trabajo en China. Quien lo buscaba era un veterinario belga  muy reconocido que manejaba uno de los más grandes centros de transferencia de Europa. Respondí con muy pocas expectativas pero me llamaron, y como el puesto de China ya estaba cubierto me ofrecieron ir a un centro que se estaba por abrir en Cairo. Así comencé a viajar todos los años a Egipto. Estuve allá por tres meses. Mi último día era el 30 de junio de 2013, el cual coincidió con la revolución en Cairo por lo que no pude quedarme. Cuando las cosas se calmaron me llamaron nuevamente para que vuelva asique desde ese momento todos los años hago temporada en ese país.

Hoy puedo decir que vivo de lo que me gusta. Amo lo que hago. Gracias a mi profesión conocí  a mi actual novio, un egipcio que es entrenador de caballos. También pude concretar dos sueños que siempre tuve: conocer Machu Pichu y Egipto. Gracias a mi trabajo pude conocerlos.


DÍA DEL INGENIERIO AGRÓNOMO

El 6 de agosto se conmemora el día del ingeniero agrónomo en conmemoración de los estudios superiores de las ciencias agronómicas y veterinarias en nuestro país, que tuvo lugar a finales del siglo XIX en la provincia de Buenos Aires.

Testimonio de Germán Lábaque

Comencé la carrera en 2005 y cinco años después me recibí de ingeniero agrónomo. Cuando empecé a estudiar nunca imaginé que me iba a dedicar a lo que trabajo hoy.


Germán Lábaque, ingeniero agrónomo.

El último semestre lo hice en Francia, gracias al programa de intercambio que tiene nuestra Facultad de Ciencias Agropecuarias con universidades de ingeniería de ese país. Cuando me ofrecieron la beca para estudiar allá no lo dudé ni un segundo, sobre todo porque me iba con uno de mis compañeros, Luciano Fernández Carro. La verdad que no conocía mucho sobre la producción agrícola francesa, salvo por la excelente calidad de sus trigos, y gracias a esta experiencia pude ver la producción agrícola desde otro punto de vista. Esa fue la razón por la que decidí quedarme dos años más en Europa, durante los cuales estudié y trabajé en el sector de agronegocios.

Durante la primera etapa de mi estadía viví en Angers, una ciudad al oeste de Francia donde se encuentra una de las universidades que tiene convenio con la UCC. Allí cursé el posgrado en Agronegocios Internacionales, el cual me permitió aprender sobre temas logísticos,  marketing de empresas agro alimenticias y mercados de commodities. Después de cursar realicé una pasantía en Holanda durante seis meses. Una de las tareas fue hacer un estudio de mercado sobre el transporte mundial en contenedores, un tema que si bien no estaba muy relacionado a los temas que uno puede estudiar en agronomía, me sirvió para decidirme a comenzar mi carrera profesional cuando volví al país.

Entre medio de los estudios en Francia y mi trabajo en Holanda, estuve viviendo unas semanas en Irlanda del Norte. Allí trabajé en un campo ovino y cabaña de toros. De esta manera, pude conocer cómo viven las familias rurales allá y compararlo con la producción extensiva que tenemos en nuestro país. En ese caso, el campo era de 32 hectáreas y vivía una familia de cuatro personas, algo impensado en Argentina para una producción animal.

Una vez de regreso en Argentina empecé a trabajar en una empresa exportadora de Jesús María donde combinaba tareas de campo y de logística/comercial con clientes en el exterior, actividades que pude manejar gracias a la combinación de mis estudios. Luego de dos años, conseguí otro trabajo en Buenos Aires como analista de logística en Cargill, esta vez un poco más alejado de lo netamente agronómico, pero que me permitía formarme en un área importante para lo que apunta mi carrera profesional.

Actualmente vivo en Rosario, continuo trabajando en Cargill pero en el área comercial y ahora   con tareas más relacionadas con lo agronómico de nuevo. Los estudios de agronomía me permiten entender ciertas situaciones que se van dando día a día en la comercialización de granos.

Esta profesión es tan amplia que ofrece a sus egresados la posibilidad de poder desarrollarse en diferentes áreas como la investigación, el desarrollo de productos como agroquímicos o semillas, la producción de cultivos o la comercialización de los mismos, entre otros.

En mi caso, si bien no trabajo netamente en la parte productiva -como me imaginaba cuando entré a la carrera hace 11 años- puedo decir que los estudios me dieron la base para poder desarrollarme profesionalmente y tener las herramientas para poder trabajar en una variedad muy amplia de actividades. La verdad que estoy muy contento de haber elegido esta carrera que me permite poder trabajar en lo que me gusta y que no tiene límites para el desarrollo profesional y personal de uno mismo.

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