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Conflicto y coexistencia

Publicado el 24/02/2016 en Noticias UCC

Un viejo dicho mexicano dice: Cada uno habla de la feria según le fue en ella. Se trata de una verdad fundamental, que afirma que nuestra experiencia del mundo y de la vida, de la relación con los demás y con nosotros mismos, está marcada de modo indeleble por nuestra propia experiencia personal e histórica. El tremendo peligro de esta realidad es no ver que hay otros que tuvieron otras experiencias, es decir, que nuestra visión del mundo y sus realidades (por ej. la accesibilidad a bienes, derechos y riquezas, las posibilidades de desplegar una existencia más o menos realizada, etc.) no es necesariamente la que otros y otras han tenido. Por lo tanto, una demanda ética básica es reconocer que hay otros, que sus experiencias no necesariamente coinciden con las nuestras, y que nuestros juicios de valor sobre los demás pueden estar sesgados por nuestra propia historia.

Esto no significa que haya que asumir una posición neutral. De hecho, la modernidad postuló que sería un Estado axiológicamente neutral, sólo gobernado por instituciones que a su vez están configuradas por una acumulación de individuos vinculados por procesos normados, el que debería regir y resolver conflictos. Lo que supimos luego es que los Estados (en sus tres poderes) no son una agregación de individuos moderada por reglas, sino que están cargados de intereses, y que fueron históricamente conigurados como herramientas de poder. Esto pretende ser una descripción, aún no es una valoración. Pero tener en mente esta descripción puede permitir analizar de otro modo qué sucede cuando se dan los conflictos como los que estamos viviendo en nuestro país entre protesta social, derechos suspendidos y exigencias institucionales. ¿Quién no se ha sentido molesto por sufrir una interrupción debido a una protesta? ¿Quién no se ha expresado públicamente, obstaculizando los derechos de otros? No es mi objetivo aquí justificar acciones delictivas o violentas, sino exponer cómo se manifiestan los conflictos de derechos y su estructura conceptual. A veces comprender puede ser el primer paso para solucionar.

La desmovilización asimétrica

Los politólogos alemanes han descripto como “desmovilización asimétrica” a la estrategia que Angela Merkel empleó para limitar la operatividad de sus opositores. La idea es evitar tomar posiciones claras y definidas sobre temas controversiales, con el objetivo de impedir que se forme un frente de personas de diversas proveniencias políticas que enfrenten dicha posición. Lo cierto es que en la coyuntura argentina, esta desmovilización como estrategia de campaña del equipo ganador no es viable como estrategia de gobierno. El conflicto va a emerger necesariamente, porque se trata de decisiones vinculadas con comprensiones contrapuestas del mundo y de los derechos. En si mismo esto no es un problema, sino un reflejo de la estructura agonal de las tensiones sociales a menudo invisibilizadas y de lo político que busca caminos para la convivencia.

La cohabitación no elegida

Sucede que la convivencia o “cohabitación no elegida” en la “casa común” – para poner juntos de modo curioso a dos autores disímiles – es inevitable. De hecho, se han intentado miles de formas de segregar al otro o de autosegregarse para no entrar en contacto con el otro: formas económicas, urbanísticas, legales – incluso rituales, como vemos en algunas viejas iglesias. Pero hay algo que todo ocultamiento y represión del conflicto no puede invisibilizar: el reclamo por el reconocimiento. Honneth llama “sociedad del desprecio” a aquella que no permite acceder al reconocimiento a quienes fueron históricamente relegados. Habría que agregar que, a diferencia o previo a los procedimientos democráticos y liberales de diálogo normativo en busca de normas que reconozcan y medien entre necesidades e intereses, en sociedades donde la miseria y la explotación abundan el primer esfuerzo es alcanzar la mesa del diálogo. Es un esfuerzo sin resultados garantizados, y que no suele conseguirse sin una larga tarea previa de movilización.

El bien común, los derechos y las responsabilidades

Ahora bien, ¿cualquier acción es aceptable para alcanzar el reconocimiento? En la comprensión premoderna del mundo existía la idea de una ley natural o divina que serviría como rectora de toda discusión. Esa idea unívoca de bien ha caducado, y tenemos comprensiones fragmentarias, a menudo contradictorias, del bien. De todos modos pensar al bien como condiciones para el despliegue de una vida humana lo más plena posible también puede ir de la mano con una democracia radical, donde realmente cada persona pueda alcanzar una vida larga, bella, buena, en libertad y relación con los demás. La modernidad utilizó la noción de derechos para expresar estas condiciones, y los justificó de múltiples formas. Pero al haber caído la idea rectora, los derechos pueden a menudo verse como contradictorios y contrapuestos. Quizás un primer modo de abordaje del conflicto sea ver cuáles derechos son más imprescindibles, o sea, cuáles son las condiciones más fundamentales para permitir una existencia más o menos plena. Pero además, todo derecho trae responsabilidades, y la primera es que todo derecho que uno posee o reclama sea también reclamado para todo otro ser humano: la libertad, la salud, el alimento, el conocimiento.

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