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Adicciones

Publicado el 22/07/2016 en Noticias UCC

Gabriela Richard, es Psicóloga y cursó una maestría en prevención y asistencia de conductas adictivas en la Universidad de Valencia. Es la directora del Curso de actualización en conductas y procesos adictivos que comienza en agosto en nuestra facultad de Filosofía y Humanidades.

– ¿Cómo te fuiste formando y especializando en este tema?

– Formo parte de la Fundación ProSalud que trabaja con jóvenes, niños y docentes. La Fundación tiene un servicio de orientación telefónica sobre adicciones y Sida que se llama Línea Red Vida y presta este servicio desde el año 99. Las llamadas son gratuitas y la gente puede consultar de manera anónima sobre estos temas. A través de esto fuimos tomando un contacto directo con la problemática en primera persona. Así vimos muy de cerca qué pasaba con la problemática y sobre todo con el sistema de salud y las políticas sociales en relación a esto.

– ¿A qué se denomina drogas?

– Son todas las sustancias químicas que tienen capacidad de generar una modificación en el funcionamiento cerebral. Esa modificación impacta sobre la percepción, la motricidad, la cognición y la afectividad. Activan el cerebro de una manera diferente y eso puede generar procesos adictivos.

– ¿Cómo y por qué se produce la adicción?

– Los procesos adictivos están orientados a la búsqueda y obtención del placer a nivel físico o a nivel psicológico y social. Por ejemplo, relajarse, sentirse desinhibido, integrarse a un grupo, socializar u obtener reconocimiento. La persona que consume una sustancia lo hace porque la pasa bien y lo disfruta. No piensa que esto le va a traer un problema, y aunque advierta que eso puede ocurrir, siempre piensa que va a poder manejarlo.

Otro componente fundamental en el proceso tiene que ver con el entorno. Hoy el mercado propicia el desarrollo de hábitos de consumo en general. Las prácticas de consumo de sustancias son el engranaje perfecto de la sociedad del consumo porque propician la creación de un mercado cautivo de personas que consumen en cantidades crecientes. Entonces, todo el aparato de comercialización de estas sustancias (legales e ilegales) fomenta determinadas conductas. Con respecto a la marihuana por ejemplo, tiene muy buenas campañas. Muchos creen que fumar tabaco es más perjudicial que fumar marihuana y eso es algo erróneo. Hay publicaciones que se dedican a promover el consumo de marihuana con sus propios canales de comunicación y promoción. Por ejemplo, hay una revista que se llama THC, estas son las siglas de tetrahidrocannabinol, que es el principio activo de la marihuana. Es una revista de excelente calidad en cuanto a contenidos, imágenes y material, y que se vende en todos los kioscos. Esto expresa el caudal económico que genera esta sustancia y la disponibilidad presupuestaria para invertir en marketing.

Otro ejemplo es la ayaguasca que también juega un papel en la naturalización del consumo de sustancias adictivas, de modo asociado a propuestas con fines comerciales. Se trata de individuos dedicados a la moda new age, que ofrecen un pack de fin de semana para experimentar con el consumo de sustancias alucinógenas.

– ¿Cuándo una persona puede darse cuenta que tiene una adicción que no puede controlar?

– Como seres humanos tendemos a buscar un solo indicador que sirva como alerta para saber lo que nos está pasando. El problema es que en el proceso adictivo, que es un continuo, hay una serie de variables (y no solo una) que te permiten identificar la problemática, pero no siempre son registradas por quien consume, ya que todo ocurre de modo gradual. La persona que va desarrollando un proceso adictivo le dedica cada vez más tiempo a esa práctica y le va restando tiempo a las otras actividades. Va sintiendo malestar pero no lo asocia a ese comportamiento sino a otras causas. En el caso de las sustancias psicoactivas (SP), la persona necesita cada vez consumir una dosis mayor y en una frecuencia cada vez más corta para poder conseguir el mismo efecto. Las cantidades son variables dependiendo de la persona, pero siempre se piensa que uno lo va a poder controlar. Sin embargo, dadas las zonas cerebrales que activa el consumo de drogas, el control voluntario se torna casi imposible. Mas o menos tardíamente, el individuo acepta que necesita pedir ayuda externa para romper ese circuito de dependencia y deterioro creciente.

–¿Cuál es la situación actualmente en Argentina?

–Particularmente en la Argentina en los últimos 10 años el consumo de SP se ha incrementado de manera exponencial por una cuestión que tiene que ver con la globalización y el ingreso del narcotráfico al país. Esto hizo que haya una mayor accesibilidad a las SP lo cual se agravo pues tampoco hubo políticas públicas adecuadas. Prácticamente te puedo decir que la edad de inicio del consumo son los ocho años. Entonces, una problemática que antes comenzábamos a visualizar en la adolescencia, ahora se traslada a los niños y también a los recién nacidos porque muchas madres son consumidoras y eso tiene distintas repercusiones o secuelas en el bebé y esto ya se está viendo en la escuela primaria. Es una problemática muy compleja porque afecta no solamente el presente sino el devenir social. La evidencia de esta situación se recoge en una investigación que se realizó en la Maternidad Provincial a través de detección de drogas en meconio. En los niños se visualiza con déficit de atención, problemas que tienen que ver con su sistema nervioso, dificultad para socializar o incorporarse a la escuela. En general son problemáticas a nivel del comportamiento que impiden la adecuada escolarización. Sumado a eso, los docentes no encuentran un apoyo en esos padres que muchas veces son consumidores.

– ¿La problemática se asocia a zonas más vulnerables?

– No es un problema de un grupo social en particular. Es un problema que atraviesa a casi todos los grupos, porque se están instalando las drogas (legales y no) como una práctica habitual y recreativa y que tiene que ver con la socialización de las personas. Estas prácticas se vinculan con modas que se plantean como muy progresistas y cancheras.

–A nivel personal,  ¿cuáles son la principales consecuencias?

–Las problemáticas más asociadas a la persona implican una compulsión, algo que está más allá de los deseos y la voluntad del sujeto. Está más manejado desde el sistema nervioso central como necesidad de equilibrar químicamente su organismo. A veces gastan más dinero de lo que pueden y muchas veces roban para poder consumir. Advertir que esto se les fue de las manos y pedir ayuda es muy difícil para la persona (hiere su autoestima y su orgullo). El sistema no te ofrece una forma más amigable y accesible de tratamiento conseguir ayuda y por eso mucha gente va prorrogando el pedido de ayuda. Tenés que ser primero etiquetado como adicto lo cual es resistido especialmente por quienes sostuvieron siempre que podían controlar los efectos del consumo, y pueden no estar necesariamente en una etapa muy avanzada del proceso adictivo. Por otra parte, en los lugares privados los tratamientos son caros y en lo público no es muy atractiva la oferta disponible. A su vez, es difícil que tu entorno te comprenda si no ha pasado por una situación semejante. Todo esto luego puede interferir en su inserción social  (en el sistema educativo, en lo laboral o a nivel pareja) porque la persona adicta se pone agresiva, violenta y está incómoda con sí misma. El sistema no está facilitando las instancias para que la persona pueda pedir ayuda a tiempo. Cuando esto ocurre tardíamente, es más costoso, lento y complejo obtener un resultado satisfactorio.

– ¿Quiénes son los más propensos o vulnerables?

– Los más propensos son los menores porque su psiquismo aun no ha fortalecido su identidad y esto los hace más permeables a las influencias del entorno. También son más vulnerables porque su sistema nervioso es más inmaduro y entonces la huella que deja el consumo de una sustancia es mucho más profunda. Es como cualquier hábito. También son más vulnerables las personas que está atravesando una crisis propia del ciclo vital como un adulto mayor o una persona que cumplió cierto ciclo y no se siente realizado.

– ¿Cuáles son los mitos más comunes asociados a esta problemática?

– Existen muchos prejuicios y mitos en relación a este tema, uno de ellos es que si uno comienza a consumir de grande lo va a tener más controlado. Frente a esto, hay que saber que no hay ninguna posibilidad de controlar el cerebro. Nuestro sistema nervioso actúa al margen de nuestros deseos y nuestra voluntad. Esto desencadena un proceso en la persona y en su entorno que es independiente de su edad.

Otra cuestión es pensar que hay drogas duras y blandas y que estas últimas (como el alcohol o la marihuana) no son tan dañinas o son solo la puerta de entrada a algo peor y no un problema en sí mismo.

Otro error es hacer una guerra contra las drogas. Hay que pensar en políticas integrales para abordar las adicciones teniendo en cuenta que hay tres cosas que se conjugan: la droga en sí misma, el sujeto y el contexto. Hay que dejar de hablar de drogas y comenzar a hablar de adicciones porque si no hay consumidores el problema se termina.

El ámbito de las adicciones no se divide en prohibicionistas y progresistas porque hay mucha gente q está a favor de la complejidad, de la comprensión, de las políticas de salud pública y las perspectivas basadas en la evidencia científica. Las políticas de prevención no pueden tener como eje la prohibición, porque eso ya ha probado no ser eficaz, sino en cuestiones que devuelven el derecho a la ciudadanía y la libertad.

– ¿A quiénes se dirige este curso y en qué consiste?

– Hay una distancia entre la formación de los profesionales y la realidad que estamos viviendo que demanda una actualización. Nos cuesta mucho hablar de este tema, todo lo que ayude a instalarlo en la agenda institucional y romper con falsas creencias es bienvenido.

El curso está dirigido a profesionales de la salud, docentes y estudiantes avanzados pero puede participar toda persona que le interese. La finalidad es brindar herramientas para poder afrontar en la vida cotidiana los desafíos de esta problemática.

Será un espacio para poder aclarar muchos temas y es muy importante que los referentes sociales puedan formarse para poder ayudar sobre conocimientos bien fundados.

El espíritu del curso es pensar en políticas integrales para abordar las adicciones que son un fenómeno complejo y que sostienen todo el aparato de producción de la droga donde una parte clave es el consumidor. Cada actor social, como parte de un entramado global, tiene un rol valioso e indelegable a cumplir en la tarea que demanda el crear soluciones.

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