Vivir en Armenia


Publicado el 20/12/2018 en Egresados

Gabriel Meghruni es Ingeniero Agrónomo, egresado de nuestra Facultad de Ciencias Agropecuarias. En la actualidad está a cargo de la parte agrícola en las 400 hectáreas de viñedos donde se produce la marca de vinos KARAS Wines.

La bodega se ubica en la región de Armavir, República de Armenia.

–¿Te imaginaste alguna vez trabajando en Armenia?

–Uno siempre está abierto a la posibilidad de desarrollarse en otro país, pero nunca pensé que sería tan pronto y tan lejos. Me vine aquí a los 25 años. 

–¿Cómo te decidiste?

–En un principio venía por dos meses a través de un programa de voluntariado relacionado a la agricultura. Entonces, conseguí este trabajo en el que me desempeño actualmente y decidí quedarme.

–Y el idioma ¿ya lo manejabas?

–No, para nada. Estudie esos dos meses mientras estaba haciendo el voluntariado y después a la fuerza con la interacción en el trabajo y fuera. Más que nada, aprendí con el tiempo.

–Cómo es vivir en Armenia ¿La diferencia cultural es muy grande?

–Vivir acá es bastante parecido a lo que era vivir en Córdoba hace unos años atrás. Es una ciudad muy dinámica, pero a la vez mantiene ese sentido de pueblo o barrio, donde nos conocemos todos. Si salís a caminar, seguramente te cruzás con algún conocido y se ven familias en las veredas. La capital de Armenia se llama Yerevan y se parece a la ciudad de Córdoba en muchos aspectos: tiene 1,5 millones de personas, un clima bastante parecido (un poco más extremo en invierno) y una topografía similar. Si bien la cultura es bastante diferente no deja de ser familiera, en vez de un asado se comparte otro plato típico y siempre hay motivos para reunirse.


Gabriel Meghruni

–¿Tenés familia allá?

–Sí, con mi esposa Nairi tenemos dos niñas Astghik, (de cinco años) Zabel (de uno) y un niño que se llama Galeh y tiene tres.

–¿Qué es lo que más extrañás de la Argentina?

–Extraño la familia grande y los amigos sin lugar a dudas. En cierta forma la cotidianeidad que solía tener allá. De mis actividades, lo que más añoro es hacer deportes porque acá recién está emergiendo el fútbol para jugar en equipo. En lo que tiene que ver con la alimentación extraño la CARNE....jejeje...

Esta es una ciudad con mucha gente de afuera (armenios de todos lados del mundo) con los cuales tengo más relación. Entre ellos están mis compañeros de trabajo argentinos.

–¿Hay más o menos seguridad?

–La seguridad es la mejor cualidad de este país, no importa la hora, el lugar o lo que sea, no pasa nada. Totalmente seguro, mas que nada para los chicos. Se puede decir que es más probable que te pase algo al cruzar la calle o manejar que algún tipo de delincuencia.

–Los armenios son un pueblo que ha sufrido mucho ¿Eso está presente? ¿Cómo se percibe?

–Sí, está bastante presente en el día a día. Si bien son cálidos y abiertos, a la vez son desconfiados y protectores de lo suyo, son aguerridos con lo que tienen.

–Si tuvieras que aconsejar a alguien que vaya a visitar Armenia ¿Qué es lo que recomendarías visitar?

–Es un país con mucha historia, así que hay muchísimas iglesias, conventos, monasterios y edificios muy antiguos. De todos modos, lo que les recomendaría es que caminen, hablen con la gente, sientan esa energía especial que tienen, y que es lo más lindo. En cierta forma, es lo que me gusta hacer cuando voy a otros lugares, no me gusta mucho visitar museos...

–¿Cómo resumirías el trabajo en los viñedos?

–Somos una gran familia, 500 personas más o menos, con todo lo que ello significa y eso me gusta. Como en todo, hay momentos estresantes y otros más relajados como la agricultura en sí. Si bien cumplo horarios, para el campo no los hay, y tengo la suerte de haber formado un muy buen grupo de trabajo.

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