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Economía de comunión

Publicado el 24/07/2017 en Administración y Economía

En plena era del capitalismo y del consumismo, existe un movimiento que busca contribuir a dar vida a empresas fraternales para que sientan como misión propia erradicar la miseria y la injusticia social. La Economía de Comunión (EC), nacida en Brasil, por los ´90, cuenta con varios adeptos, incluido el Papa, y ya existen numerosas experiencias en el mundo que buscan edificar un nuevo sistema económico.

Invitados por nuestra Facultad de Ciencias Económicas, los economistas Luigino BruniAnouk Grevin dictaron una conferencia y presentaron su nuevo libro La economía silenciosa. Entrevistamos a Grevin para que nos cuente sobre esta propuesta.  

¿Por qué el nombre de su libro?

Se parte de una experiencia específica que se llama economía de comunión. Se trata de mil empresas en el mundo que viven este espíritu, que tratan de construir una economía más justa y fraterna de comunión. Pero el libro no habla solo de estas experiencia, quiere ser una mirada más amplia sobre toda la economía pero desde esta perspectiva; un análisis del capitalismo, de la historia, de la problemática de hoy.

¿Cómo se complementa la ganancia de una empresa con esta propuesta?¿Cuál es, en definitiva, su espíritu?

La teoría nos hizo pensar que la empresa está enfocada solamente en los beneficios pero no es así porque hay muchas experiencias que tienen en cuenta otros objetivos y el beneficio es solo un vínculo. Lógicamente no se puede ir en pérdida pero se trata de un vínculo, no de la finalidad. Existen en la economía estas experiencias que tienen otra finalidad. Y nos insertamos en esa corriente  que es más grande de lo que creemos. Se trata de gestos concretos como llevar a los más necesitados a la empresa o compartir utilidades. Esto da otro sentido a la empresa y vemos que los empleados lo sienten mucho. Aunque se sabe poco de esta economía. No es una idea es un modo distinto de vivir la economía.

Esta propuesta es económica, pero tiene un alcance cultural que quiere instalarse a nivel mundial. ¿Qué avances hay en la práctica?

Numéricamente hay pocos casos, aunque estamos esparcidos en todo el mundo. Nace en Brasil y enseguida se desarrolla en Argentina, América del Norte y más recientemente en Europa y África. La mayoría son empresas pequeñas todavía pero tienen una mirada de la economía que van más allá de las empresas involucradas en el proyecto. En cambio, vemos que se difunden mucho las ideas, como la de la gratuidad del don que es difundida por el Papa. Son ideas que van más allá de quienes trabajan. Se pone en evidencia que el don está por todos lados. Es una perspectiva que nos da ojos nuevos para ver lo que otros no ven, lo que da luz a lo silencioso de la economía.

¿Cuáles son sus principales desafíos?

Ciertamente no es fácil instalar  un ideal alto como este, no se trata solo de dar dinero a los pobres. Todo el comportamiento de la empresa debe ser diferente y si queremos que la economía sea de comunión debemos vivir esa comunión con los empleados, la competencia, los bancos, etc., rechazando la corrupción. Hay muchos desafíos, más dificultades que facilidades quizá porque hay que ser fiel a un valor, lo cual produce una dinámica fuerte y es muy exigente.

¿Qué experiencias concretas, que llame tu atención, nos podés contar?

Recientemente investigamos esto con unos colegas. A mí me llamó la atención la diversidad de maneras de vivir la EC. Hay una en Paraguay que fue creada para dar trabajo a mujeres. Toda la empresa está organizada para crear el mayor número posible de puestos de trabajo para las mujeres más vulnerables. Esa es la misión. Hay otro empresario argentino que apunta a acompañar, desde su empresa, otros proyectos sociales pero también empresariales. Ayuda a crear empresas y los acompaña para que logren tener su propia empresa.

Hay otra en Bélgica que apunta a que cada euro que se gasta es un euro  menos para los más necesitados, entonces destina ciertos beneficios para ayudar a otros. Y asoció a sus empleados en esta dinámica. Les propuso elegir a quién destinarían parte de las utilidades. La principal la dona el dueño a la EC, otros lo hacen a asociaciones que ayudan a enfermos, promueven proyectos sociales o protegen animales, entre otros. Yo pude entrevistar a los empleados y me impactó que ellos sienten que trabajan por los otros, dicen que su trabajo tiene sentido por los demás, esto es un gran cambio para ellos.

¿Qué mensaje podrías darles a quienes se están formando actualmente y que el día de mañana van a tener su propia empresa o van a trabajar en empresas?

Yo diría que si queremos una EC más justa que no deje a la orilla del camino a otros, la podemos construir entre todos. Todos pueden contribuir con su actividad, como empresario, como empleado, como docente o investigador, o simplemente como consumidores. Nuestras elecciones pueden estar en función de la economía que queremos, Podemos inyectarle más igualdad y fraternidad. No lo dejemos solo para nuestra casa, amigos, familia; y pensar que el comportamiento en el ámbito laboral debe ser más racional y egoísta. Está en nuestras manos. Lo importante es hacer nuestra parte. Puede transformarse en un estilo de vida.

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